martes, 6 de julio de 2010

P O R L O S P E L O S


LEMA DEL BUEN ASCENSORISTA

“Tener tacto, sin tocar;
mirar sin ver;
oír, solo llover;
saber, hasta donde llegar y
a tiempo parar.”


Deambulaba Lorenzo, cabizbajo y meditabundo, por el entorno de su casa cuando casualmente tropezó con su buen amigo Carlos, que le interpeló:
-¡ Coño, Loren, ¿ qué haces tu por aquí a estas horas? !
-Ya ves, de vacaciones forzosas.
-¿ Y eso?
-Venga Charly, vamos a tomar una caña y te cuento, porque es para no creérselo.

No lejos de donde se habían encontrado estaba el bar La Carabela, lugar habitual de reunión entre los chavales del barrio. Cuando Cosme, dueño y sempiterno camarero del local, les hubo servido sendas jarras de cerveza, buscaron una mesa discreta para que Lorenzo pudiera poner al corriente de sus desventuras a Carlos.

“Todo empezó ayer por la mañana. Como todos los días, y más desde que me ascendieron de Botones a Ascensorista, madrugué para estar pronto en mi puesto de trabajo, porque me gusta revisar la cabina, limpiarla y comprobar que todo funciona a la perfección antes que llegue el personal. Casi siempre la primera en hacerlo es Tina, la secretaria del Director, que dicho sea de paso está de toma pan y moja. Solo que por mas que lo intento, yo, de mojar, nada de nada pero da gusto acompañarla hasta la planta diecisiete. Vamos es algo que te pone a cien y, créeme, vale la pena madrugar solo por verla. La digo muchas veces que deje ya a su anciano novio y me dedique a mi algo de su tiempo libre. Ella me contesta que cuando mi madre la contrate como canguro ya lo hará, porque huelo a “Nenuco” que apesto. Contraataco diciéndole que si me quiere cambiar los “Dodotis” allí mismo, pero me contesta que no ha empezado su jornada laboral todavía. Le replico con que ha equivocado la profesión porque parece la mujer de la limpieza y cuando me pregunta que ¿por qué?, sin cortarme un pelo la digo que por el polvo que tiene. Siempre andamos con este tipo de bromas que acaban dándome un cariñoso pescozón cuando llegamos a la diecisiete.

Pero ayer, a lo que íbamos, fue distinto. Bajaba más contento que unas castañuelas, tras haberme dado una ración de vista de las que hacen época, porque Tina venía con una blusa semitransparente y una minifalda de escándalo. Para colmo se la cayó el monedero y antes de que me diera tiempo a agacharme ya lo había hecho ella y me dejó verle, sin querer; claro, hasta el “oremus”. Imagínate como bajaba yo. Total, no hago mas que llegar al vestíbulo, abro la puerta y aparece un tío que a mi me sonaba de algo, pero que, para desgracia mía, no le reconocí. Le doy los buenos días y le pregunto, ¿ a qué piso va ? ¡ Jodeeeer, en que hora lo dije ! ¿Qué pasa Lorenzo, desayuna usted con cazalla o qué?
Mira, me subió al instante el desayuno, un modesto café y una tostada, a la boca y en unos segundos no supe que contestar. Aquel fulano me resultaba vagamente conocido y de buena gana le hubiera dado una contestación fuera de tono, pero, a Dios gracias, me acordé de ese anuncio de la “tele” en que un listillo se encuentra a la puerta de su oficina a una mujer que está muy buena y se la quiere ligar y cuando comienza la faena ella le contesta que está esperando a su marido, que aparece en ese momento y resulta ser nada menos que el Director de la Empresa. Pues algo así pensé yo que me podía pasar. Total que me armo de paciencia y le digo que me disculpe, que su cara me es conocida pero dado que veo a tanta gente al cabo del día pues que no caigo en esos momentos quién puede ser. O sea, me dice, a ascensor parado todavía, que has bebido tanto o estás drogado hasta las cejas, que ya no conoces a Don Emilio, Director General de la Empresa, ¿no? ¡Bueno, bueno, bueno, el soponcio que me entró! A todo esto yo no hacia mas que mirarle y remirarle y desde luego que parecerse se parecía mucho, pero no era él, ¡que iba a ser él! Don Emilio tiene una mata de pelo la mar de frondosa y el fulano que se encaraba conmigo lucía una alopecia galopante. Ni corto ni perezoso, atajo por lo sano y de buenas a primeras le digo que él no puede ser don Emilio, porque aquel tiene una mata de pelo muy respetable en todos los sentidos en contraste con su calva. Como dicen los andaluces, se le mudó la color, se vuelve hacia el espejo del ascensor a sus espaldas, a la vez que se echa mano a la cabeza y suelta un rotundo “me cago en la leche del peluquín”. A duras penas pude contener la risa y a todo cisco apreté el botón de su planta. Ya estaba mi enigma resuelto, pero me esperaban diecisiete plantas que subir juntos. Un trago.

Nada más arrancar el ascensor le oigo exclamar: ¡¿Que hace insensato?! Pues que voy a hacer, llevarle a su piso, ¿no? Pues no, naturalmente que no. Para ahora mismo este chisme y bájame a la calle. Como pude, le hice ver que ya no se podía detener la marcha, so pena de que pulsáramos la alarma y entonces iba a ser peor el remedio que la enfermedad, puesto que lo que pretendía es que no le viera nadie. Le propuse impedir que las puertas se abrirán al llegar a la diecisiete y bajar directos sin parar en ningún piso; ya que eso si estaba a mi alcance lograr. Accedió a regañadientes pero el camino de bajada fue un calvario. Por un lado la risa, que apenas podía contener y, por otro, pensar en las consecuencias posteriores si las cosas no salían como urdía a toda prisa. Me ordenó, que apenas se abriera la puerta en el piso de abajo, bloquear la cabina y que saliera a toda prisa a la calle con él pegado a mis espaldas para evitar ser visto y le acompañara a coger un taxi. Al tiempo que me daba estas instrucciones, no dejaba de amenazarme con toda serie de calamidades si osaba contar lo ocurrido a alguien de la Empresa.

La operación camuflaje salió bastante bien, pero mi desgracia sobrevino en forma de Jefe de Servicios Generales, esperándome a la puerta del ascensor, tras apercibirse que estaba bloqueado y yo ausente. Al verme llegar de la calle, aunque intenté en vano mil y una excusa, ninguna que le satisficiera lo suficiente por lo que le rogué que me acompañara a su planta y allí, en el transcurso del viaje hasta la catorce, en la soledad de la cabina, le confesé toda la verdad. Le “exigí” juramento sobre el silencio que ambos debíamos guardar en el asunto, pero bien sabía yo que eso era lo mismo que poner un “e mail” a toda la Empresa, sin acuse de recibo. A media mañana ya podía notar sin dificultad las medias sonrisas maliciosas, los comentarios a “sotto voce” y demás demostraciones de que el asunto era “vox populi”. Lo peor estaba por llegar.

Y llegó esta mañana. Apenas me he incorporado, sin dejarme ver siquiera a Tina, me ha llamado a su despacho el Jefe de Recursos Humanos y con la educación y buenas maneras que se gastan estos fariseos de corbata, me ha comunicado que por orden del Director General, estaba suspendido de empleo y sueldo durante quince días en respuesta a mi probada difamación sobre personal directivo de la Empresa. Pero no contento con eso, el muy ladino de don Emilio ha dado instrucciones para que a mi reincorporación me busquen otro puesto de trabajo, en el que no tenga la posibilidad de verle.

Lo único bueno es que a la salida del despacho del Jefe de Recursos Humanos, me he encontrado a Tina. Estaba al corriente de todo y me ha dicho que lo sentía mucho y que me iba a echar bastante de menos y me ha dado un par de besos. ¡Huele, huele, que aún conservo el aroma de sus labios! ¡Cagüen diez, que le tengan que pasar a uno estas cosas para que le abonen su linda cara con dos besitos una moza como Tina!”
¿Otra caña, Charly?
¡Venga y fuera penas!

Narración original de Terrón de Tierra
Torrelodones, Junio de 2.006



¡BUENAS NOCHES, RESPETABLE PÚBLICO! EN PRIMER LUGAR QUIERO AGRADECER A TODOS VUESTRA ASISTENCIA A ESTE ACTO. DESPUÉS, MI AGRADECIMIENTO AL JURADO POR HABER ELEGIDO ESTE TRABAJO COMO MERECEDOR DEL PRIMER PREMIO EN EL APARTADO DE NARRATIVA. Y, POR ÚLTIMO, MI RECONOCIMIENTO AL ATENEO DE TORRELODONES, POR LA ALTRUISTA LABOR QUE VIENE DESARROLLANDO PARA FOMENTAR LA CULTURA DE NUESTRO PUEBLO. APROVECHO ESTA MAGNA OCASIÓN PARA SUGERIR A LA DIRECTIVA QUE MODIFIQUE EL NOMBRE DE ESTA CONVOCATORIA; PUES SI BIEN NACIÓ ACERTADAMENTE CON EL NOMBRE DE “VELADA POÉTICA”, AL DÍA DE HOY PARECE QUE LE ENCAJA MEJOR EL DE “VELADA CULTURAL”, DADO QUE HA AMPLIADO SU ANDADURA INICIAL, ABARCANDO MUY ACERTADAMENTE OTROS ASPECTOS DE LA CULTURA, PARA BENEFICIO DE TODOS.
IGUALMENTE QUIERO FELICITAR A TODOS LOS PARTICIPANTES EN ESTA CONVOCATORIA Y DE MANERA MUY ESPECIAL A LOS QUE ME ACOMPAÑAN A LA HORA DE HABER SIDO DISTINGUIDOS EN CUALESQUIERA DE LOS PREMIOS.

PARA ACABAR, TAL Y COMO NOS COMPROMETEMOS LOS PARTICIPANTES, DEBO LEERLES EL TRABAJO PREMIADO.
ANTES DESEO HACERLES UNA ADVERTENCIA, QUE DE NINGÚN MODO QUIERE SER UNA CURA EN SALUD. EXISTE UN VIEJO ASERTO QUE DECLARA A LOS ESCRITORES (VAYAN MIS DISCULPAS POR LA JACTANCIA DE CONSIDERARME TAL, CUANDO NO PASO DE SER UN MODESTO APRENDIZ) Y A LOS POETAS, PÉSIMOS NARRADORES DE SUS TRABAJOS.
MI NARRACIÓN ES LA DE UN EPISODIO CÓMICO Y ESPERO SER CAPAZ, APELANDO A MIS PINITOS EN EL MUNDO DE LA FARÁNDULA, EN MI LEJANA; Y BIEN LEJANA, JUVENTUD, DE DOTARLE DE LA GRACIA QUE QUISE DARLE CUANDO LA ESCRIBÍ.
SI DESPUÉS APLAUDEN, EN SEÑAL DE QUE LES HA GUSTADO, QUE DIOS LES BENDIGA. Y SIN MAYOR DILACIÓN VAMOS CON LO ANUNCIADO.

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